“Casualmente a mi vecino le quemaron los animales tras comenzar las obras»

Ramiro tiene 65 años y lleva más de dos décadas paseando sus ovejas y cuidando sus caballos junto a la Cañada Real que ahora atraviesa el gran desarrollo urbanístico de Los Molinos. Nunca tuvo ningún problema ni con los agricultores, ni los hortelanos que al llegar la temporada sembraban su plantación. Todos respetaban sus quehaceres y sabían cómo vivir en los terrenos que poco a poco está expropiando el Consorcio Molinos-Buenavista. Sin embargo, todo ha cambiado. La Cañada está cortada y Ramiro no puede sacar a pasear a sus ovejas. Las que le quedan. Porque las obras comenzaron a finales de junio de 2007, como él recuerda y el 20 de julio la policía municipal le llamó a su casa. “Me dijeron que mis animales se estaban quemando. Cuando llegué cuarenta ovejas, ocho caballos, mis perros, gallinas, todo estaba ya chamuscado”, explica con lágrimas en los ojos. Él ya había recibido la comunicación de que se tenía que ir allí y según explica se iría a unos terrenos de Torrejón de la Calzada. Vendería sus caballos que “eran de millones” y algunas ovejas.

Carmen tiene una fachada amarilla llena de flores. Ha criado allí a sus tres hijos y ahora está sola con su perro. A ella no le ha dicho nada nadie, pero está esperando. “Yo estoy legal”, dice, “pago mis impuestos y recibo mi correo aquí desde siempre”. Cuenta cómo era la vida en esas tierras no hace muchos años, “por aquí teníamos hasta agentes de barrera para poder cruzar por las vías de tren, nuestros huertos, nuestras flores, todo estaba muy apañao”, ahora con las obras de los Molinos la gente se ha ido yendo y “se ha llenado todo de mierda”.

Esta gente que tenía su hogar o sus tierras junto a la vía férrea que para en la estación de El Casar, han saltado a la actualidad por la situación de Fidel, un anciano de más de 70 años que vive desde hace treinta en su caseta de madera rodeado de sus pepinos y tomates.

El Consorcio fue a visitarle. Se tenía que ir. “Al principio recibí una carta donde me decían que me tenía que marchar, luego empecé a recibir a personal del Consorcio ya de malas maneras e incluso”, prosigue “me dijeron que me daban 25.000 euros si me hacía otra chabola más lejos”. Y es que su casa está en los terrenos donde se va a asentar la subestación eléctrica que dará luz y agua a las cinco mil familias que poblarán los antaño huertos de los Molinos. Ahora pide que si se tiene que ir que le digan dónde, con una pensión de 500 euros, “no puedo ni pagarme un alquiler, y yo no sé vivir de otra manera que aquí al aire libre, con mis gatos y mi huerta”.

Informa: Sonia Baños

En la actualidad hay ocho personas afectadas que esperan una respuesta a su forma de vida. De momento han salido por la televisión, por la radio, la prensa, y ningún político se ha puesto en contacto con ellos, “no hemos hablado con nadie ni del Ayuntamiento, ni de la Comunidad, aquí sólo han venido del Consorcio a meternos miedo”, nos despide Fidel.

Informa: Sonia Baños.

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