Getafe 28 de abril 2015 – Con todo respeto a los Ilustrísimos Magistrados de la sección nº 16 de la Audiencia Provincial de Madrid, a su persona y a lo que representan, sin incertidumbre alguna de mi pleno sometimiento a lo que dicten, tras observar lo que han resuelto de Justicia y ajustado a Derecho, me veo en la imperiosa necesidad de exponer, a todo aquel que tenga a bien conocer, mi sentir en lo que para mí se aleja demasiado del que siempre ha sido y será, el Juez Supremo en mi vida, en mis actos y en mi entender de Justicia.

Es mi entender de Justicia, el sentimiento que me insta y dirige mis pasos cuando accedo a una casa en llamas ante los gritos de algún desconocido, el mismo que me impide mirar hacia otro lado cuando observo al que bajo el alcohol u otra droga dibuja “eses” al volante pensando en que podría pasarle a ese desconocido que se cruce con él, el mismo que cada intervención intenta que todo ciudadano tenga la idéntica ayuda por mi parte que la que le daría a un familiar, el mismo que me hace abandonar el lugar con lágrimas en los ojos cuando debo comunicar a esa familia que desconocía porqué todavía no había regresado su padre y que desgraciadamente, ese conductor no vio cruzar a escasos metros de su casa, el mismo que me hace añadir otro año más a la suma de los que tras las campanadas de fin de año no puedo besar a quien añoro pero que colma un abrazo a mis compañeros de servicio. Ese sentimiento que hasta ahora, lograba que me levantara, una y otra vez, jornada a jornada, sin detenerme en el análisis en profundidad de todas y cada una de las injusticias que cada día, conozco, sufro y de las que soy muy consciente, con la certeza que poco a poco me van mutilando algo en mi interior, pero ese sentir irracional, lograba que en el sucesivo turno de trabajo, adjuntase a la uniformidad, sin saber cómo, la sonrisa que te otorgan los sueños cumplidos. El mismo que por más valoración racional quiera mi mente otorgar mi librar ese día, no encuentra consuelo a la falta de su presencia, su apoyo y su hacer junto a sus compañeros, en ese fatídico día de permanente recuerdo. Ese sentimiento que por más normativa se plasme en infinitas páginas, expongan a mil y una pruebas, dediquen cuantas horas gusten a examen y valoración, es el que jamás podrán juzgar por más que se empeñen, el que comparte nombre aunque en la vida existirá quirófano alguno capaz de trasplantar. Sentimiento, al que alguno llama corazón pero que no toda persona tiene la gran dicha de alcanzar escuchar.

Por ello, este simple servidor que suscribe, tras ser consciente de la verdadera Justicia, asumo mi craso error y el abismo que me separaba de ella. Prometo hacer cuanto en mi mano esté y en el resto de los días que me queden a su servicio, no olvidar jamás lo que mi persona puede y debe dar, en su defensa y cumplimiento, desempeñándola del mayor escrupuloso modo, como es de recibo hacia esta Justicia, tan sumamente ciega y justa.

Antonio, Ismael y Óscar, disculparme por ser un egoísta y satisfacer la necesidad que siento de expresaros lo que os quiero, desde lo más profundo de mí pequeño corazón y agradecido por cada segundo que me otorgasteis, otorgáis y otorgaréis en vuestras vidas.

Gracias, mis compañeros. Amigos. Hermanos.

Fuente: CSIT Unión Profesional Getafe